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Emotional Fitness

Javier Morodo

«Serás libre en el momento en el que comprendas que la prisión en la que vives está construida por tus propios pensamientos.»

Mucho se habla sobre la inteligencia emocional y la importancia de comprender este concepto en nuestras vidas. Sin duda es importante, pero en este ensayo quiero retar la creencia sobre la supremacía de dicha inteligencia y abogar por algo que creo que pocos conocen. En este escrito, quiero contarte sobre el verdadero héroe de la paz mental: el “emotional fitness”.

Emotional Fitness

El “emotional fitness” o el músculo emocional, se refiere al trabajo consciente que realizamos para sobreponernos a las condiciones emocionales a las que estamos sujetos día a día. El concepto está compuesto por dos palabras muy poderosas. “Emotional” se refiere a la consciencia de las emociones que habitan en nuestro ser, y “fitness” al trabajo necesario para construir músculo o aptitud para integrar esas emociones.

Pero comencemos por el principio.

¿De qué chingados estoy hablando?

Cuando tenía tan solo 5 años, comencé a ir a terapia porque mi madre quería quitarle la patria potestad a mi padre. Para ello, debía atestiguar ante un juez y dar mi veredicto sobre la petición de mi madre. Mi mamá recurrió a una psicóloga recomendada en el juzgado para ayudarme a comprender lo que estaba pasando y asimilar el shock que estaba atravesando.

Caí en muy buenas manos. Esa psicóloga, con quien aún tengo una gran relación, fue como mi segunda madre. Fui con ella durante más de 25 años en múltiples etapas, y fue una gran influencia para mí, ayudándome a sobrellevar una infancia muy distinta a la de los demás. De hecho, mi mamá siempre dijo que cuando me casara, ambas me entregarían en la iglesia, una de cada brazo.

Mis primeros años de vida estuvieron marcados por múltiples escenas de violencia intrafamiliar, debido a las adicciones de mi padre y al ambiente caótico en el que nací. Años después, mi padre moriría. Ser hijo de una madre autónoma en los años 80 fue complicado; había mucho juicio de la sociedad. Siempre me sentí diferente, en la escuela me sentía indefenso sin un padre que me defendiera y me ayudara a mejorar en los deportes.

Nací un niño muy sensible, y siempre lo he sido. La incomprensión del entorno en mi juventud y de mis propias emociones a veces me volvía agresivo, ya que no podía conciliar tanto dolor al ver la discrepancia entre lo que sentía y lo que vivía. Para acabarla de fregar, era el niño que iba al “loquero”, ya que en ese entonces ir al psicólogo era para los “locos”.

Huérfano y loco, vaya combo. Con razón la agresión, ¿quién querría ser ese niño?

Desde temprana edad, comencé a entender mis emociones, de dónde venían y cómo se manifestaban. Comprendí muchas de mis huellas de abandono, de las cuales habla de manera tan elocuente el Dr. Alfonso Ruiz Soto.

La vida misma me puso a un gran amigo, quien también vivió momentos difíciles y etapas de depresión profunda desde muy joven y que tuvo que comprender por sus propias vías este concepto llamado inteligencia emocional. Ese gran amigo, hoy es mi compadre y socio, entre otras cosas, mi hermano del alma Pablo Sánchez Serrano.

Tiempo después la vida me pondría con otra gran maestra, mi esposa, con quien además de formar una increíble familia, he tenido la oportunidad de aprender y crecer de maneras inimaginables. Por si hacia falta, ella es psicóloga de profesión con una especialidad en neurociencias, lo cuál me ha ayudado a comprender muchos ángulos sobre este apasionante tema.

Con el tiempo, comprendí que lo que en su momento se veía como una “locura” —la terapia y todos los ejercicios que me ayudaban a comprender y desarrollar mi inteligencia emocional— sería una gran ventaja para la vida adulta. Paradójicamente, así sucede en la vida: el precio del éxito es la incomprensión total.

La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer, regular y comprender las emociones, tanto en uno mismo como en los demás. Esta habilidad facilita la conexión con otras personas, la creación de relaciones empáticas, la comunicación efectiva, la resolución de conflictos y la expresión de sentimientos.

Comprender este tema es sin duda, es un gran avance; lo que no se conoce no se puede trabajar, y lo que no se trabaja, no se puede mejorar. Sin embargo, he observado recientemente un uso excesivo de este concepto, que parece tener un lado oscuro del que no se habla mucho. El enemigo está en casa.

Este abuso está relacionado con la obsesiva presencia de la intelectualidad, la mente y el mundo de las ideas en nuestra interacción con la realidad. Vivimos en nuestras cabezas en lugar de vivir en el mundo real. La sobreestimulación de la “inteligencia” nos hace vivir en nuestras mentes y no actuar, generándonos sufrimiento y ansiedad.

Creo que esto ha influido considerablemente en la creciente pandemia de salud mental que vivimos hoy en día. Actualmente, se estima que una de cada cuatro personas en el mundo padece alguna condición de salud mental. Esta cifra ha aumentado significativamente en las últimas décadas. Factores como la presencia de redes sociales y la desconexión humana sin duda han contribuido. Pero el factor determinante es la mente.

Nuestra mente está sobreestimulada con ideas, pensamientos, historias y fantasías. Vivimos en la fantasía, preocupándonos por pensamientos imaginarios que son ficticios. El 99% de las cosas que pensamos y que nos preocupan nunca se materializarán.

Esta sobreestimulación mental refleja, de manera inconsciente, nuestra falta de autoestima y confianza en nosotros mismos, en nuestra capacidad de actuar, enfrentar los miedos y superarlos. Nos estamos volviendo inútiles ante nuestros propios ojos. Por eso nos invade el miedo, la ansiedad y el sufrimiento, porque detrás de todo ello hay un sentimiento de incapacidad y falta de autoestima.

La respuesta es simple, pero no sencilla: hay que dejar de pensar y empezar a actuar. El sufrimiento es directamente proporcional a la inacción. De nada sirve tener inteligencia emocional si no la ejercitamos; es más, hasta puede ser contraproducente. Muchas de las verdaderas crisis mentales provienen de la creencia absoluta en el problema y la falta de herramientas para resolverlo. Estas crisis son causadas por la creciente desconexión e incapacidad de salir de nuestras mentes.

En las emociones sucede lo mismo que en la vida. De nada sirve tener todo el conocimiento si no lo ponemos en práctica. Por ello, en este ensayo te comparto diferentes ejercicios que me han ayudado a crear músculo emocional o «emotional fitness». ¿Cómo se ve esto? De múltiples formas, ya que son temas muy personales. En mi experiencia, he creado este marco que te comparto a continuación para aplicarlo de manera práctica. Ojo, son temas que a mí me han funcionado. Soy una persona intensa y algo extrema, así que toma lo siguiente con precaución.

Para practicar cualquier deporte o actividad física, es fundamental entrenar. Si deseas ganar y ser el mejor, necesitas entrenar, contar con coaches o maestros que te impulsen, y participar en competencias periódicas para probar tus capacidades. Con esta idea en mente, he creado un marco para desarrollar el músculo emocional, basado en tres pilares: Entrenamientos, Mentores y Competencias.

Entrenamientos

Para construir músculo y destacar en cualquier actividad, es esencial entrenar diariamente. El trabajo consciente e intencional es una excelente manera de desarrollar el músculo emocional. Tener una rutina consistente es clave para este crecimiento. Mi rutina diaria, que no cambia ni los fines de semana, incluye meditación, ejercicio y journaling, actividades que considero mis «no negociables».

  • Meditar: Esta práctica me ayuda a procesar mis pensamientos y emociones, generando consciencia sobre mi estado interno. Utilizo diferentes técnicas de meditación según la ocasión y mi estado de ánimo, desde meditación trascendental hasta mindfulness y meditaciones guiadas. Recuerdo una vez, durante un período de gran estrés laboral, me comprometí a una práctica de meditación diaria de 20 minutos. Esta práctica me ayudó a mantener la calma y la claridad, permitiéndome tomar decisiones más sabias y equilibradas.
  • Ejercicio: Hacer ejercicio mejora tu estado bioquímico, lo cual es fundamental para una perspectiva más optimista sobre la vida y para desarrollar una mejor autoestima al superar retos físicos y mentales. Hace unos años, empecé a correr. Al principio, no podía correr más de 30 minutos sin sentirme agotado. Pero con el tiempo, la perseverancia y un enfoque en la superación personal, logré correr mi primer medio maratón. Este logro no solo mejoró mi condición física, sino que también fortaleció mi resiliencia emocional. ¡Próximamente iré por un medio Ironman!
  • Journaling: Adoptar este hábito ha sido tremendamente beneficioso. Primero, me permite vivir cada día de manera más intencional; segundo, me ayuda a agradecer por lo que tengo, cambiando mi perspectiva de la vida; y tercero, eleva mi autoestima al reconocer mis logros. Utilizo esta aplicación que me permite subir fotos y recordar momentos importantes. Hace poco, revisando mis entradas, me di cuenta de cuánto he crecido y cambiado en el último año, lo cual me llenó de gratitud y orgullo.

Mentores

Contar con una red de apoyo y personas que te impulsen y desafíen, brindándote «tough love» y llevándote al límite, ha sido uno de mis mayores regalos. Solíamos rodearnos de personas que complacen, pero he aprendido que enfrentarse a los miedos es vital para el crecimiento. Como me dijo mi maestra Lupita: “No hay que huirle al miedo; detrás del miedo está el regalo.” Enfrentar nuestros miedos intencionalmente es crucial por dos razones: primero, para que el impacto sea menor cuando inevitablemente lleguen, y segundo, porque detrás del miedo siempre hay grandes recompensas. Aquí algunas estructuras que pueden ayudarte:

  • Terapia: Hablar y trabajar profundamente estos temas en sesiones de terapia es crucial. Sin embargo, el progreso depende de ti. Asegúrate de tener objetivos claros con tu terapeuta y evita generar una codependencia. Es importante que sepan que el modelo de negocio de los terapeutas no necesariamente está alineado a que el paciente mejore.
  • Relaciones desafiantes: Busca relaciones que te confronten y te obliguen a trabajar en tus miedos. Aunque puede ser difícil observar esto objetivamente, estas relaciones son valiosas para el crecimiento personal. De manera natural e inconsciente es la razón por la que muchas veces escogemos a una pareja; es por ello que dicen que los polos se atraen. Son justamente las cosas del otro que te chocan, las que te checan. Es extremadamente difícil observar esto de manera objetiva y probablemente estés pensando que lo que estoy diciendo es una locura, pero cuando te das la oportunidad de verlo con ese lente, todo hace sentido. Yo me casé con alguien muy distinta a mí, una persona increíble, pero radicalmente distinta. Una persona muy familiar, adversa al riesgo, necesitada de seguridad y certeza. Todas estas son características que a mí me aterran. Me aterran porque no las conozco y porque ahí mismo está mi huella de abandono. Por muchos años las ignoré y hasta las menosprecié. Pero estos últimos años que he trabajado en mi autoconsciencia, me ha cambiado por completo la percepción. Ese justamente era mi espantapájaros: no ser un padre suficientemente bueno, un esposo amoroso, un individuo seguro. Fue difícil observar y luego trabajarlo. Pero le agradezco a la vida y a mi esposa por este gran regalo. En este sentido, busca parejas, amigos, socios y demás personas que te puedan confrontar y que representen esos miedos que tanto necesitas enfrentar.
  • Actividades y grupos: Participar en actividades o grupos que te aterren, como deportes extremos o masterminds, es otra forma efectiva de enfrentar tus miedos y crecer emocionalmente. Hace poco más de un año me uní a Cracks MasterMind y ha sido un gran catalizador para ejercitar mi músculo emocional.

Competencias

La incomodidad y el miedo son grandes motivadores. Tener competencias o rituales que te pongan a prueba es una excelente manera de ejercitar el músculo emocional. A lo largo de más de una década, he formado hábitos transformacionales que me han permitido construir los cimientos de la persona que soy hoy. Estos rituales son momentos de profundo descubrimiento que me ayudan a conocerme más, sanar heridas y ser una mejor persona. Aquí algunas ideas:

  • Retiros periódicos: Los últimos tres años he realizado retiros anuales con plantas de poder que me han ayudado a identificar y trabajar heridas y motivaciones. Estos retiros han sido fundamentales en mi propio camino de consciencia. Los estados alterados de consciencia te permiten ver más allá de lo visible y comprender la realidad desde otra perspectiva; son temas delicados que se deben hacer con profesionales. Además de estos retiros, también he estado en ashrams en India y en retiros Vipassana de silencio total. Todos ellos, a su medida y en sus formas específicas, son espacios de profunda incomodidad y reflexión, grandes maestros para avanzar en consciencia.
  • Experiencias inmersivas: Viajar a lugares que te desafíen y te conecten profundamente, como la India, o participar en eventos como los de Tony Robbins, Joe Dispenza o Wealth Mastery, son muy enriquecedores. Actividades como temazcales, respiraciones holotrópicas o inmersiones en hielo son excelentes catalizadores. Hace unos años, visité un ashram en India donde experimenté una profunda conexión espiritual y aprendí valiosas lecciones de vida. Un buen amigo le tiene pavor a la cárcel y justamente por eso mismo fue hace poco a convivir con reclusos. ¿A qué le tienes miedo? ¿Qué te pone incómodo? justamente ahí hay que ir.
  • Escribir: Escribir es una forma poderosa de internalizar y comprender tu experiencia en este mundo. A mí, escribir me ha cambiado la vida. Ordena mis pensamientos y me ayuda a integrarlos. Compartir tus reflexiones personales, como escribir cartas a tus hijos, es una práctica enriquecedora que deja un legado valioso. Cada mes, le escribo cartas a mis hijos, compartiendo mis pensamientos y experiencias, con la esperanza de que algún día puedan aprender de ellas y comprender mejor mi filosofía de vida. Una gran práctica que aprendí hace unos años es Cognitive Behavioral Therapy o Terapia cognitivo conductual, que es una técnica en la que a través de escribir recurrentemente te ayuda a tomar consciencia de pensamientos negativos e imprecisos. Escribirlos te ayuda a visualizarlos y a recordar, que son solo eso: pensamientos.

Espero que mi experiencia te pueda ayudar a construir músculo emocional y a darle otra dimensión a tu propio desarrollo personal. A través de los entrenamientos, mentores y competencias tienes muchas ideas que puedes implementar hoy mismo. Estoy convencido de que invertir en ti es el acto de mayor bondad que puedes hacer para la humanidad.

La respuesta es salir de la mente y actuar. Visitar el gimnasio de las emociones, ir al espantapájaros, desarrollar músculo, ejercitarlo a diario, hacerlo intencional y conscientemente. Demostrarte a ti mismo que puedes y recordar qué YA ERES. 

¿Qué pasaría si te animaras a construir músculo emocional?

Quizá comprendas que la prisión en la que vives está construida por tus propios pensamientos.

Javier

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