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La selva y las plantas de poder

Javier Morodo

“La verdad nos hará libres”

Si tuviera que pensar en una frase que describa la inolvidable experiencia que viví en la selva, esta famosa frase de Jesucristo en el evangelio de San Juan, sería la indicada. 

Todo comenzó hace un par de meses recibí esta invitación por parte de mi querido amigo Miguel Guillén:

Miguel me invitaba a una experiencia que él mismo había curado para poder compartir el aprendizaje que él mismo había tenido hace unos meses que le cambió por completo la vida.

En la misma invitación Miguel compartía unas breves reflexiones que resonaban fuertemente conmigo.

Particularmente esta poderosa frase de Carl Jung:

“You don’t become enlightened by imagining figures of light, but by entering the darkness where it begins”

«No alcanzas la iluminación imaginando figuras de luz, sino adentrándote en la oscuridad donde esta comienza.»

Sin saberlo ya tenía un pie dentro de la selva. Estaba en mi destino y Miguel fue el camino. Entrando a más detalle la invitación era a un retiro espiritual de ocho días en el que se realizaría una práctica ancestral del Amazonas llamada “La Dieta”.

La Dieta Amazónica

La dieta amazónica representa un viaje profundo hacia la esencia misma de la medicina tradicional peruana, sumergiéndose en la amplitud y la energía del bosque amazónico. Este proceso, considerado como uno de los más serios y completos dentro de este contexto, implica un retiro prolongado en la selva, acompañado por curanderos y plantas de poder. Más que un simple tratamiento, la dieta amazónica se convierte en un rito de iniciación que trasciende generaciones, transmitiendo un conocimiento etnomedicinal que se fusiona con la experiencia directa de la persona en su búsqueda de consciencia y crecimiento personal.

Durante este retiro, realizan una dieta estricta y específica, preparada diariamente por el curandero o chamán a cargo. Este régimen alimenticio, hiposódico e hipocalórico (sin sales minerales y de bajo contenido calórico), se basa en alimentos simples como arroz, papas o plátanos, sin aditivos ni condimentos. La restricción no se limita solo a la alimentación; el contacto interpersonal se inhibe durante el período de la dieta, orientando a la persona a enfocarse en sí mismo y en su proceso de sanación. Este aislamiento se lleva a cabo en un espacio asignado conocido como «tambo de dieta», donde el dietante se sumerge en un profundo silencio y reflexión, evitando cualquier tipo de distracción tecnológica o externa que pueda interferir con su conexión con las plantas maestras y su propio ser interior.

La dieta amazónica, más que un mero proceso de purificación física, se convierte en un viaje de autodescubrimiento y transformación espiritual. Es un proceso donde los límites de la consciencia individual se expanden, permitiendo la exploración de los aspectos más profundos del ser humano. A través de esta experiencia de silencio y conexión con la naturaleza, se busca alcanzar un equilibrio holístico que abarca no solo la curación física, sino también la sanación emocional, mental y espiritual. Es un camino hacia la reprogramación personal y la resignificación, donde los resultados se manifiestan no solo en el cuerpo físico, sino también en la mente y el alma del individuo, marcando un antes y un después en su camino de evolución transpersonal.

Plantas maestras o plantas de poder

Las plantas de poder son aquellas que contienen sustancias químicas capaces de alterar la mente y producir experiencias perceptuales intensas. Estas plantas han sido utilizadas durante siglos por diversas culturas en rituales ceremoniales, prácticas espirituales y curativas. Algunas de estas plantas incluyen el peyote, la ayahuasca, los hongos psilocibios y la Salvia divinorum.

Estas plantas contienen compuestos psicoactivos como la mescalina, la psilocibina, la DMT y la salvinorina A, que tienen la capacidad de inducir estados alterados de conciencia. Cuando se consumen en dosis adecuadas y en un entorno controlado, pueden provocar experiencias profundas de introspección, conexión espiritual y expansión de la consciencia.

En este post previo platico más a fondo sobre las plantas medicinales y específicamente la cocción conocida como la Ayahuasca. Para fines de esté artículo les dejo este breve resumen:

La Ayahuasca es una bebida indígena usada en la medicina tradicional amazónica desde hace varios cientos de años. Se trata de una cocción entre algunas de las denominadas “plantas mágicas”, junto con otras como el peyote, la planta San Pedro o Wachuma, y algunas especies de hongos. 

La primera planta de esta cocción es la que le da origen al nombre de esta sustancia: la ayahuasca, o Banisteriopsis caapi, que contiene THH (tetrahidroharmina) y alcaloides que actúan como inhibidores de la monoamino oxidasa y que permiten a los componentes psicoactivos entrar en actividad.

La otra planta usada comúnmente es la chacruna (Psychotria viridis) que contiene DMT (dimetiltriptamina), sustancia psicoactiva que también genera estados alterados de conciencia. En otros casos se puede utilizar chagropanga o chaliponga. 

Ayahuasca en quechua significa «soga de los espíritus» por su etimología aya (espíritu, muerto) y waska (soga, cuerda), ya que en la cosmovisión de los pueblos nativos de Sudamérica (específicamente Perú, Bolivia y en partes del Ecuador), la ayahuasca es la soga que permite que el espíritu salga del cuerpo sin que éste muera.​

Welcome to the jungle 

Para mi, los últimos dos años han sido un periodo de intensa introspección personal. Ha sido una verdadera aventura en la que tuve mi primer encuentro con la Ayahuasca en el Valle Sagrado de Perú, viví un par de semanas en un Ashram de Osho en la India, y he asistido a varios retiros de silencio y meditación.

Pero algo me tenía particularmente nervioso y expectante sobre esta experiencia en la selva. La combinación de factores hacían a esta experiencia única: plantas sagradas + silencio + meditación + restricciones. Literalmente un mano a mano con mi cabeza, con mis emociones y con mi alma. De primera mano pensé: ¡Qué miedo!

Llegamos a la selva a una reserva llamada “Munay” que significa amor absoluto, amor al prójimo y amor incondicional en quechua, el lenguaje indígena de los Andes. Las instalaciones de la reserva eran sencillas y humildes, pero dentro de todo cómodas. La reserva no tenía acceso a redes celulares, ni electricidad. Las dietas eran hipocalóricas e hiposódicas, la comida literalmente no tenía sabor. 

Nos despojamos de todos los químicos con los que comúnmente interactuamos, desde comidas, bebidas y otros productos como desodorantes, shampoos, jabones, pastas de dientes y demás productos de cuidado personal. 

Nos permitieron llevar libros y una libreta para anotar. Dentro de la selección de libros llevé los siguientes: The psychedelic experience de Timothy Leary, Bhagavad Gita y a New Earth de Eckhart Tolle. Sin saberlo, llevaba mi destino en la mochila; estos libros influyeron de manera importante mi viaje en la selva. 

Foto en mi “Tambo” en la selva.

Los cosmonautas

Uno de los factores que más influyó mi participación en esta experiencia, fueron los integrantes seleccionados para la aventura. Las personas que asistimos a esta ceremonia, fueron curados cuidadosamente por mi amigo Miguel Guillén. No hubo coincidencias, el gran mecanismo nos había tendido la cama a todos quirúrgicamente para encontrarnos en este lugar. 

Así fue como coincidimos 12 almas en medio de la selva para iniciar nuestro viaje de la mente al corazón. 

Dentro de los participantes destacaban nuestros guías, los curanderos Don José y Don Pepe; quienes llevan trabajando juntos por más de una década ayudando a miles de personas a buscar su camino espiritual y a llevar sanación a las almas de las personas de este mundo.   

Aquí pueden encontrar la entrevista que le hice a Pepe Ramos hace unos meses donde platicamos juntamente sobre las plantas de poder y la cosmovisión de la selva. 

Junto con ellos, nos acompañaban grandes músicos: Irán Castillo, esposa de Pepe y también Daniel Ruíz, ambos virtuosos artistas con un gran corazón, que enaltecieron las ceremonias y el ambiente durante el retiro. 

Tuvimos la fortuna de ser acompañados por un gran sabio de la humanidad. Juan Carlos Torres, el Búho; quien nos fascinó con su misticismo, filosofía, reflexiones y bondad. Un hermano de otra dimensión que pudimos reencontrar en este plano. 

Además de los antes mencionados, participamos un grupo de amigos entusiastas: Paty, Tuti, Julia, Ro, Diego y por supuesto el gran halcón orquestador, Miguel. 

Foto de los cosmonautas después de la última ceremonia.

Entrando a la “Matrix”

Durante la estancia, realizamos 4 ceremonias de Ayahuasca: 3 de noche y una última de día. Con mi experiencia previa en estos rituales, me sentía con algo de confianza, pero al ser unos nuevos curanderos; había algo de incertidumbre sobre el proceso y el modo particular en el que llevarían a cabo la ceremonia. 

En efecto, este ritual fue distinto a lo que había vivido anteriormente con mis maestros iniciales. Estas ceremonias están más arraigadas a los rituales amazónicos tradicionales, guiados por icaros chamánicos que te llevaban muy profundo en la psique y en el alma. Esta combinación hace que el trabajo sea más intenso, pero también mucho más retador. 

Estos cánticos quechuas llamados Icaros, son hipnóticos que te llevan muy adentro en tu inconsciente, revelando los secretos que están más profundos del ser. Todo esto a través de un proceso intenso de sanación física, emocional, mental y espiritual dentro de la ceremonia. 

Estas ceremonias duran aproximadamente 8 horas, dentro de las cuales las primeras horas suelen ser muy complicadas de asimilar, ya que comúnmente experimentas la disolución del ego que es percibida en muchas ocasiones como un acto similar a la muerte que conlleva mucho dolor físico y psíquico al percibir que tu identidad desaparece. 

Pero justamente a través de ese proceso es que la magia y la alquimia verdaderamente ocurren. Ya que al estar desintegrado de esa realidad percibida, que es una simple fantasía del ego, una construcción de nuestra mente; es que el mundo y la verdad se revelan con total transparencia. 

Una vez atravesados estos “bardos” iniciales en la ceremonia, comienza un periodo de mucha claridad y revelación con mucha profundidad; que puede abarcar múltiples dimensiones. Me ha tocado experimentar lo más profundo de mi ser y lo más externo del universo. Cada ceremonia es distinta y cada ceremonia es única. 

Mi propósito

Hace unos meses asistí a Date with Destiny de Tony Robbins y ahí pude actualizar mi sistema de creencias y valores, literalmente actualicé mi hardware y mi sistema operativo. Me percaté que yo mismo había creado una historia que me estaba generando mucho sufrimiento y muchas limitantes a mi crecimiento y desarrollo. Para avanzar, tenía que evolucionar y eso hice.

Pero había ciertos condicionamientos más profundos que no se podían ver a través del lente del ego y que vivían muy adentro de mi inconsciente. Por ello, este viaje a la selva era tan importante. Tan relevante que antes que yo lo supiera, ya estaba en mi destino. 

Tenía tres intenciones muy claras dentro de este retiro espiritual: Conocer mi camino hacia el servicio, conectar con mi familia y reconciliarme con mi esencia. 

Fotos de mi familia que me acompañaban en la selva

El regalo de la selva 

Durante el retiro estuve en ayuno alimenticio total por más de 4 días y casi 100 horas. En este proceso me percaté que las comidas y alimentos son muchas veces distracciones que buscamos para estar “ocupados” y no tener que lidiar con nuestra mente y nuestras emociones. Está limpia física, me regaló reconciliarme con mi cuerpo. Salí totalmente desintoxicado y desinflamado. Mi cuerpo y energía renovados.

Estar en silencio, es extremadamente retador para mi, este fue otro gran reto. Pero el tamaño del reto también es el tamaño de la recompensa. El premio fue gigantesco: la claridad absoluta. Regalo invaluable. El silencio de la mente lleva a la claridad y a la paz.

En el transcurso de estos 8 días viví en dos estados predominantes: Ansiedad intensa y plenitud total. Probablemente sea este el reflejo de mi vida y del nivel de desconexión de la sociedad moderna en la que vivimos. Conforme pasaba más el tiempo, más en plenitud sentía. 

Se ha hablado mucho sobre la importancia de la inteligencia emocional, y sin duda es un paradigma nuevo que estamos comprendiendo en la sociedad moderna. Es imperativo conocerla y hablar de ella, pero no es suficiente. Conocer los conceptos a nivel cognitivo no hace mucha diferencia. Es más hasta perjudicial puede resultar. 

Tendemos a sobre intelectualizar estos conceptos y a filosofar sobre ellos, lo cuál simplemente los idealiza y genera mayor incertidumbre y por ende pánico. Les construimos tronos y los hacemos lejanos y ajenos. Creamos fantasías, sueños, infiernos; para luego ser prisioneros de estos sentimientos.   

El verdadero reto no es hablar de ellos, es vivirlos, confrontarlos. Es someterte a situaciones que te despojen de tus condicionamientos, te saquen de tu zona de confort. Qué te demuestren lo volubles que somos a nuestro entorno y lo efímera ilusión del control. Lo que necesitamos es ir al gimnasio de las emociones. Necesitamos emotional fitness. 

La selva es un gran gimnasio. Uno de los más feroces y poderosos. Pero no es para todos. Si tienes interés en adentrarte hacia este camino es muy importante que lo hagas con expertos, te recomiendo contactar directamente a mis maestros: Pepe Ramos, José Casas y al equipo de Reborn.

Afortunadamente no es el único, hay múltiples gimnasios y ejercicios disponibles para todo tipo de personas. La meditación, las oraciones, los retiros de meditación, eventos de Tony Robbins, Joe Dispenza, Wealth Mastery y muchos otros más. Busca el gimnasio que más te acomode, pero comienza a ejercitar tus emociones antes de que el mundo lo haga por ti; porque los golpes de la vida siempre llegan, pero no siempre estamos preparados. 


Próximamente estaré contando más acerca de mis revelaciones en el blog de mi querido Miguel Guillén, por qué en efecto “la verdad nos hará libres”.

Esperen la siguiente entrega: «La Gran Batalla»

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