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Slow mornings

Javier Morodo
Slow mornings, una mañana tranquila para leer y tomar café

“No es que no me gusten las mañanas, es que prefiero las noches”

Esa frase describe muy bien mi manera de pensar durante mis primeros 37 años de vida. Vaya que sí estaba equivocado. Cómo les platicaba en el post pasado sobre la disciplina, vengo de una familia muy trabajadora y he encontrado mucha valía y significado alrededor de este concepto que me ha ayudado a crear hábitos que nutren mi amor propio. Pero tenía una creencia muy fija en mi capacidad de disfrutar las mañanas. 

Desde que nací tuve muchos temas relacionados con el sueño, mi mamá dice que dormía todo el día y me quedaba despierto toda la noche. Esto era claramente un gran problema en mi casa, lo cual probable e irónicamente reforzó el comportamiento desde entonces. Crecí siempre pensando que tenía el ciclo circadiano al revés y que era un ser nocturno. 

Todas las mañanas amanecía cansado, frustrado y de mal humor. Not a morning person. Esto definió mucho mi identidad y pronto en mi juventud me convertí en el ídolo de la fiesta, la noche me daba mucha energía y podía aventarme la fiesta hasta el amanecer y descansar en el día. Además, en esa edad, tu círculo te recompensa y se te celebra el ser fiestero y “aguantar” toda la fiesta. Lo cual nuevamente refuerza el comportamiento y la misma identidad. 

Por otro lado, había un estigma muy fuerte hacia el sueño, sobre todo hace unas décadas. Estaba en general mal visto dormir y sobre todo dormir en el día. Si te echabas una siesta eras un “huevón”, lo mismo si te ibas a dormir temprano o si no te despertabas antes de las 6 am. Lo cual era una tragedia, ya que no nada más era fiestero, sino también huevón, ¡hazme el favor!, cuáles son las probabilidades de éxito con esa descripción. 

Afortunadamente, comencé a trabajar en casas de bolsa cuyo horario comenzaba a las 7 am, lo cual me obligó a cambiar muchos de estos hábitos de tajo. Si bien sabía que en las mañanas iba a estar un poco amolado y de malas, pues no tenía de otra si quería cumplir mi sueño de ser financiero. Mi hambre por tener dinero y éxito profesional era demasiado grande como para sucumbir ante mi condición nocturna. 

Pronto comencé a cambiar mi rutina y empecé a observar cambios relevantes. Al principio usaba el café para despertarme y esto funcionaba mágicamente, pero pronto también me percaté de la dependencia que estaba desarrollando con esta sustancia y decidí cambiar de fórmula. Sabía dentro de mi que eso no iba a llevarme a nada bueno, de por sí ya tenía relaciones adictivas con otras sustancias como el alcohol, para qué echarle más leña al fuego. 

De un día para otro dejé el café y comencé a hacer ejercicio por las mañanas. Al principio era muy difícil, tenía cero ganas de hacer ejercicio, estaba totalmente zombie y era lo último que quería hacer. Lo que sí era mágico, es que todos los días que hacía ejercicio, sin excepción, me sentía mejor después de terminar. Bien dicen que a veces lo que menos quieres hacer es lo que más debes de hacer.  

Leí muchos libros sobre hábitos como “Atomic Habits” de James Clear, y el “Libro de las 5 am” de Robin Sharma y comencé a comprender todo sobre el arte de ganar las mañanas. Varios estudios respaldan los beneficios de madrugar con datos concretos. Un estudio de la Harvard Business Review encontró que los madrugadores son un 15% más proactivos en sus actividades diarias. La American Psychological Association reveló que aquellos con cronotipo matutino logran un promedio de 0.5 puntos más en sus calificaciones y desempeño laboral. Además, un estudio de la Universidad de Roehampton mostró que quienes se despiertan temprano tienen un 25% menos de probabilidades de sufrir depresión o estrés crónico.

Yo muchos de estos datos los empecé a conocer hace un par de décadas y me sentía totalmente frustrado porque yo siempre había sido nocturno. Desde chiquito me costaba trabajo quedarme dormido y por las mañanas amanecía muy cansado. Siempre pensé que era una condición que nunca podría cambiar, parte de mi ADN y de mi ser. Pero estaba equivocado, a veces las cosas deben de ser creídas para ser vistas. 

Si bien no soy hipermañanero, cada vez disfruto más de las mañanas y sobre todo de dormirme temprano. Sobre todo desde que dejé de tomar alcohol, ahora valoro más una buena noche de sueño y evito desvelarme –tal vez también sea la edad, ja, ja, ja—. Lo importante aquí es comprender que muchos de los convencionalismos y las creencias que tenemos son simplemente bullshit que hemos creído por demasiado tiempo. 

A todo esto he descubierto que el momento del día que más determina el rumbo de mis días, es, sin duda alguna, las mañanas. Hace poco entrevisté a Javi Mata en el podcast, y uno de sus hábitos más peculiares es que él se despierta todos los días a las 3 am, comienza con el trabajo más arduo cognitivamente como es escribir y pensar, luego medita, agradece y hace ejercicio e inmersiones en hielo y para las 7 de la mañana ya básicamente ganó su día. 

Lo más importante de todo esto no es lo que Javi logra hacia al mundo de afuera, es lo que logra hacia adentro de sí mismo. Porque el verdadero sentido de felicidad te lo da la percepción que tienes de la realidad que estás viviendo y eso está directamente relacionado con tu sentido de amor propio. Se trata de la percepción que tienes de ti mismo, de tu propio potencial, de como estás jugando las cartas que te dio la vida. La felicidad es el sentido de conquistarte a ti mismo, de lograr todo tu potencial. 

Pero tampoco se trata de hacerlo a costa de todo. Ahora que veo a mis hijos, comprendo que hay algunas personas que necesitan siestas, ya que simplemente están configurados de otra manera. Una de mis hijas necesita dormir un ratito durante el día y eso le da la energía que requiere. No es que sea una “huevona”, desafortunadamente eso era lo que creía la sociedad hace unas décadas y a muchos de nosotros nos tocó crecer, pensando que, en efecto, éramos unos “huevones”. Vaya tragedia, ¿en quién te vas a convertir creyendo esa calumnia? 

La realidad es que descansar también es amor propio. El descanso consciente es el secreto del arte del trabajo. Por ello, este concepto sobre las “slow mornings” ha tomado tanta relevancia y yo desde hace un par de años lo he comenzado a practicar. 

Las slow mornings son una práctica que promueve comenzar el día de manera pausada y consciente, en contraste con las rutinas aceleradas y llenas de estrés que muchas personas experimentan al despertar. Este concepto invita a dedicar tiempo por la mañana a actividades que favorezcan el bienestar, como meditar, leer, tomar un desayuno tranquilo o simplemente reflexionar, todo sin prisas. El objetivo es crear un espacio de calma que permita preparar mente y cuerpo para el día, promoviendo mayor equilibrio emocional, claridad mental y una sensación de control sobre el ritmo diario.

Ahora muchos de ustedes pensarían que es totalmente contradictorio con las técnicas de Javi Mata y de Robin Sharma, pero la realidad es muy distinta. Lo único que cambia es el horario y la intensidad con la que se llevan a cabo las actividades. En esencia, ambos métodos buscan comenzar el día con intención, claridad mental y un enfoque consciente en el bienestar integral.

Por último, te comparto como son mis “slow mornings” que regularmente duran entre 2 y 3 horas dependiendo de mi agenda del día:

  • Meditar 15 minutos (yo uso esta app)
  • Estiramientos tibetanos o Chikung 10 minutos 
  • Ejercicio 60-90 minutos
  • Sauna/Inmersión en hielos 5-20 minutos
  • Escribir 30-60 minutos 

Así que no importa si empiezas tus días a las 3 am o los comienzas a las 8 am, lo importante es que dediques un par de horas a tu bienestar integral y a nutrir a tu ser. Si eso implica hacer ejercicio, meditar, escribir, caminar, hacer yoga, leer o lo que sea que tu alma necesite, eso solo es relevante para ti mismo. Diseña tus mañanas para crecer tu alma. 

La realidad es que todos los días morimos y todos los días nacemos. ¡Qué desperdicio perder la primera parte de tu día por esta creencia de no ser mañanero! Siempre tenemos la oportunidad de cambiar nuestras creencias y a través de nuestras acciones crear nuestro futuro. 

Cada día es una nueva página en tu historia, comienza con amor, agradecimiento e intención. Recuerda que DEPENDE SOLO DE TI hacerla valer la pena.

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